En escritura los cuatro asistentes redactan con una fluidez ya pareja: lo que cambia es qué pasa cuando dejas de pedirles una redacción y empiezas a pegarles lo tuyo — un informe largo, unas notas, una transcripción.
Investigación junta cinco herramientas que resuelven tres preguntas distintas —buscar en la web, trabajar tus documentos, revisar estudios—, y lo que separa a la buena de la mala es quién enseña sus fuentes, no quién responde mejor.
La categoría de audio junta tres trabajos que no son alternativas entre sí: poner voz, crear música y pasar audio a texto. La comparación real es dentro de cada pareja, no entre las seis.
Las tres herramientas de avatares resuelven necesidades distintas: doblaje multilingüe, formación corporativa que se actualiza sola y una entrada barata para probar el formato. Ninguna gana en las tres cosas a la vez.
Automatización reparte cuatro herramientas en dos trabajos que no son alternativas: montar un flujo que hace siempre lo mismo, o encargar una función a un agente que decide. Confundirlos es el error caro de la categoría.